jueves 23 de julio de 2009

El gran batacazo


La vida de un quiosquero nunca es aburrida porque cada semana algo nuevo le sorprende. Lo malo es que casi nunca es para bien.

La invención de las revistas "mini", con el mismo contenido que las maxi pero en formato canijo debió salir de algún cerebro enfermo encerrado en un oscuro cuarto de alguna editorial venida a menos. Desde entonces los quiosqueros vendemos el mismo número de revistas pero ganamos mucho menos dinero; las editoras no, porque ellos cobran por publicidad y ahorran papel y espacio y los ingresos por el precio de portada no son los que les dan de comer.

Por si esa rebaja de precio fuera poco, algunas llegan a rebajarse hasta precios irrisorios, como el Muy Interesante, que marca en portada 0,80 €. ¿Nos compensa vender una revista que nos dará un beneficio escasamente de 15 céntimos? ¿Cuántos Muy Interesante mini tenemos que vender para compensar el precio de 2,70 de un ejemplar normal? Pues tres y media, más o menos. Pero seis revistas mini ocupan mucho más espacio en los expositores que dos revistas normales, dan mucho más trabajo a la hora de manejar paquetes y sobre todo, no se venden ni la cuarta parte necesarias para compensar la pérdida de ventas de la revista normal. Si un punto de venta vendía normalmente seis o siete Muy Interesante tamaño estandar, no vende ahora ni por asomo 21 revistas mini, que serían las necesarias para no perder dinero.

Multiplíquese el problema por el número de revistas mini que invaden el mercado -todas las femeninas, algunas de cine, etc.- y las que vendrán, téngase en cuenta que los gastos -alquiler, luz, portes, salarios, impuestos- no disminuyen sino que aumentan cada día, y calcúlese cuánto vamos a tardar en cerrar la mitad de los puntos de venta de este país.

¿Le conviene a las Editoras una disminución tan drástica del número de puntos de venta? Yo creo que no, y que todo esto que están haciendo no es más que un intento desesperado de no ahogarse pensando solo a corto plazo y sin darse cuenta de que a la larga también ellos van a salir perjudicados.

Quizá haya llegado el momento de reorganizar todo esto, de pensar en un sistema que nos permita comer a todos y no solo a unos cuantos. ¿Será necesario llegar al gran batacazo para reaccionar?

sábado 27 de junio de 2009

Tenemos lo que merecemos


Lo digo allá por donde voy y en cada lugar en que me dejan escribir: Los vendedores de prensa tenemos lo que merecemos, que es el caos y el abuso de los que desde arriba pueden darse el lujo de hacer de nosotros el último mono de la cadena de distribución, cuando deberíamos ser el eslabón más importante.

Asamblea general de la Asociación, viernes a las ocho y media de la tarde. Uno espera encontrarse, no digo ya que el local lleno hasta la bandera, pero sí una asistencia medianamente representativa. Y lo que ve es que, para los que estaban allí, en lugar de alquilar un local hubiera sido mejor haber quedado en el bar de la esquina tomando una cerveza.

No valen las excusas de siempre, que si cierro a las nueve, que si no tengo a quien dejar en el quiosco... Algunos de los que estábamos allí cerramos el quiosco media hora antes para poder acudir a la reunión; otros llegaron tarde, pero llegaron. ¿Cómo es posible que compañeros de Villagarcía (Pilar), de Caldas de Reyes (Susana), de Pontevedra (Francisco y Maricarmen) se organicen y hagan media hora o una hora de carretera para estar allí, y los vigueses que están a cinco minutos ni se preocupen por hacer acto de presencia?

Si se quiere, se puede; si se tiene interés no hay excusa que valga.

A lo largo de estos dos o tres últimos años han cerrado en España miles de puntos de venta; pero no se preocupen, los que cierran son los demás, ustedes todavía tienen una clientela que les da de comer. Cada vez menos, cada día las cajas son más bajas, cada semana devuelven más revistas. Pero pasará, aguantaremos. Ya nos preocuparemos cuando los gastos sean mayores que los ingresos, entonces igual nos acordamos de la Asociación y les preguntamos qué pasa, qué están haciendo para arreglar nuestros problemas.

Sí, tenemos lo que merecemos. Qué cómodo es preocuparse solo de uno mismo.

martes 9 de diciembre de 2008

Bienvenido, Xornal de Galicia

Envueltos en una doble crisis, la económica y la editorial, mientras los gratuitos caen como moscas por la pérdida de publicidad, los grandes americanos cierran por bancarrota y los grupos editoriales españoles hacen juegos malabares para no perder su cuota de mercado, el grupo San José nos sorprende con la presencia hoy en los quioscos del número uno de Xornal de Galicia, un periódico que después de nueve años en formato digital celebra su aniversario pasándose al papel.

Xornal de Galicia está dirigido por José Luis Gómez, periodista gallego con una extensa trayectoria profesional. Ha sido redactor, jefe de sección, redactor-jefe y director de La Voz de Galicia; director de Coordinación de Publicaciones del Grupo Zeta; jefe de sección de Economía y Laboral, coordinador de la revista Economía y Finanzas, director editorial del Grupo Voz, redactor y jefe de área de El Correo Gallego y director de la revista Capital, entre otros. Ha sido Premio Galicia de Xornalismo en Información Económica (1988) y Premio Galicia de Comunicación (1995). Es miembro de la Comisión Técnica de Comunicación Creativa del Consello da Cultura Galega y pertenece al Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia y a la Asociación de Prensa de A Coruña.

La salida al mercado de Xornal de Galicia -según publicaba ayer en su edición digital- ha sido acogida favorablemente por casi todos los medios (La Vanguardia, El Mundo, El Confidencial, El País, etc.) algunos de los cuales incluso han ofrecido su colaboración, como El Correo Gallego. Solo un medio, La Voz de Galicia, ha arremetido contra este nuevo diario, cuyo editor Santiago Rey Fernández-Latorre, en la presentación de un libro sobre periodistas de A Coruña “totalmente fuera de sí, arremetió contra sus propios lectores, criticó duramente la aparición de Xornal de Galicia y se autoproclamó último editor independiente de España”. ¿Por qué será que tal salida de pata de banco no me sorprende en absoluto?

Para los puntos de venta la llegada a nuestros expositores de una nueva cabecera es siempre un estímulo; mucho más en estos tiempos en los que la prensa escrita está sufriendo una dura travesía del desierto en busca de su propio futuro, condenada a entenderse con los medios digitales y los cambios de tendencia en la publicidad, que es una de sus más importantes fuentes de ingresos.

Por todo ello quiero felicitar desde aquí a Xornal de Galicia; por su apuesta al pasarse al papel después de nueve años en formato digital, todo lo contrario que los demás medios, y por el valor de hacerlo en un momento tan delicado y difícil.


Desde la perspectiva del punto de venta hay otra cosa muy importante que agradecer: Xornal de Galicia sale al mismo precio que los grandes periódicos, sin rebajas ni medias tintas que mermen los beneficios del quiosco. Xornal de Galicia busca su sitio en el mercado compitiendo en igualdad de condiciones, lo cual es todo un detalle que no podemos pasar por alto.

domingo 23 de noviembre de 2008

Desayuno con maderos

Es domingo y suena el telefonillo del portal a las seis y media de la mañana. Estoy a pie, desayunando, porque dentro de media hora abro el quiosco, así que me asomo al balcón a ver quién es el idiota que anda molestando a estas horas intempestivas. Hay un tipo, borracho como una cuba, apoyado en la puerta y tocando los timbres. Alguien le abre, que ya hay que echarle huevos a esas horas, y al ceder la puerta el tipo cae al suelo quedando inmóvil con medio cuerpo fuera y medio dentro del portal.

Llamo a la Policía Local y les aviso: Miren que hay un hombre tirado en el portal, no sé si está bien o mal, desde aquí solo le veo las piernas. Vale, ya nos pasamos por ahí. Acabo de desayunar, me visto y a las siete bajo a abrir el quiosco, pero ya no hay nadie en el portal. Hay un cliente esperándome que me dice que había un borracho durmiendo en el suelo pero que acaba de irse dando tumbos calle abajo.

A las siete y media, hacía una hora de mi llamada, aparecen dos motoristas. Desde la puerta del quiosco me preguntan si fui yo el que llamó. Sí, pero el borracho se fue hace media hora. Vale, tronco, parece pensar. Y se largan.

Y yo me quedo pensando que menos mal que solo estaba borracho, que si llega a ser otra cosa más grave y la policía tarda una hora en aparecer, se encuentran un fiambre en el portal.

martes 18 de noviembre de 2008

La ocasión la pintan calva


Señores, esto se hunde.

Desde la natural caída de ventas de agosto estoy que no levanto cabeza. Lo del verano es habitual; no hay colecciones, muchas revistas publican un solo número para dos meses y la gente está más pendiente de la playa y las vacaciones que de leer la prensa. Agosto es el desierto y hasta se pueden ver las pelusas cruzando el quiosco vacío. Pero septiembre suele ser un mes fructífero. El personal vuelve con los ánimos renovados y el quiosco está inundado de números uno que todo el mundo compra. Pues no. Este año ni números uno ni gaitas, septiembre ha recuperado mínimamente las ventas de prensa habitual y para de contar.

Pasada la euforia de los números uno, que ha sido poca, octubre y noviembre han vuelto a caer en picado casi hasta los números del verano; algo incomprensible que no sé si achacar a la crisis o al acojone general que la simple mención de esa palabra ha obrado en el público. El caso es que las estanterías crían telarañas y un alto porcentaje de las revistas vuelven en devolución sin haberse vendido ni un ejemplar.

La crisis, sea real o hipocondríaca, está convirtiéndose en el remate de toda una serie de problemas que vienen acuciando al quiosco desde hace mucho tiempo. Los portes, arbitrarios y disparatados, que se llevan el beneficio de los trescientos o cuatrocientos -en el mejor de los casos- primeros periódicos vendidos, la competencia de supermercados y otros establecimientos no dedicados a la venta de prensa, los gratuitos, las promociones cada vez más extendidas de dos revistas al precio de una, las ediciones “mini” a precios también mini, la captación de clientes por parte de las editoriales saltándose el punto de venta y ofreciendo mejores condiciones que las que tenemos nosotros...

Pero por suerte no somos los únicos que le estamos viendo las orejas al lobo. Las grandes editoriales que han vivido siempre de espaldas al punto de venta los tienen también de corbata y, acordándose de santa Bárbara, empiezan a llamar tímidamente a nuestra puerta en busca de soluciones conjuntas. Es una oportunidad que no debemos desperdiciar tejiendo parches; como mínimo habría que consensuar una nueva Ley del Vendedor que sirviera como base para construir un futuro más halagüeño para todos.

La ocasión la pintan calva. No la dejemos escapar.

jueves 28 de agosto de 2008

Aclaraciones

A veces parece que tengo cierta fijación con La Voz y no es eso; pero cuando los problemas vienen siempre del mismo sitio a uno no le queda más remedio que revolverse aunque sepa que no le va a servir de gran cosa. La diferencia de fuerzas es notable, ellos son una gran empresa con grandes medios económicos y yo un simple autónomo empujado a hacer malabares para darle de comer a la familia hasta fin de mes.

Quiero hacer unas aclaraciones acerca de mi anterior entrada en este diario, en la que comentaba el aparente reparto gratuito de periódicos a la puerta de algún colegio cercano. Al parecer algún responsable de La Voz se ha sentido molesto –señal de que nos leen, lo cual me alegra sobremanera- y me ha enviado un recado con algunas aclaraciones. Me dicen que esos periódicos que yo he visto a la puerta del colegio el domingo –día en que el colegio está cerrado-, no quedan a la puerta sino que los repartidores los dejan dentro de la verja; que algún madrugador se dedica a saltarla y sacarlos fuera; y que esos periódicos no son de reparto gratuito, son promociones pagadas por el Banco Pastor y no están allí para el público.

Dicho lo cual también hay que aclarar que obviamente yo no tengo por qué conocer las relaciones comerciales entre La Voz y sus clientes, ni saber quién paga esas promociones ni comprender cual es la razón de dejar tanta prensa en un colegio que está cerrado un domingo. Me atengo a los hechos, y los hechos son que esa prensa, sea por la razón que sea, acaba en la calle al alcance de todo el mundo y perjudicando gravemente a los puntos de venta de la zona. Hechas las aclaraciones no voy a enredar más; la solución pasa por asegurarse de que esa prensa quede fuera del alcance del público. Cómo lo hagan no me importa.

lunes 25 de agosto de 2008

Viento en popa a toda vela... directos al cuerno.

Si ya los agostos suelen ser malos para el quiosco, este año está siendo desolador; tanto que me estoy planteando para el próximo cerrar por vacaciones, al menos ahorro luz y tener que pringar haciendo devoluciones todos los lunes.

Javier, que es de esos que compran La Voz, llegó el domingo temprano con un fajo de ellas debajo del brazo.

- ¿Cuántas quieres? Te las vendo a mitad de precio.

Tengo buen sentido del humor, pero cuando se trata de mis lentejas la cosa cambia. No están las cosas para bromear. Mi cara era un poema, lo que me faltaba era ver a los clientes ofreciéndome a mí la mercancía.

- ¿De dónde coño has sacado todo eso, has atracado a la competencia?

- No. Están en la calle, a la puerta del colegio ese que hay un poco más arriba. Los que quieras y gratis, ya he estado repartiéndolos en el bar y todavía me quedan estos.

Dejé a mi mujer en el quiosco y salí disparado, aquello tenía que verlo con mis propios ojos. En efecto, a la puerta del colegio había una columna de periódicos de La Voz de Galicia. Le pregunté a una chica que, sentada en el escalón, leía uno de ellos.

- Buenos días, ¿Se pueden coger estos periódicos?

- Sí, claro. Los dejan aquí cada dos domingos, viene mucha gente a buscarlos, son gratis.

No sé si soy idiota o es La Voz de Galicia la que me quiere hacer tonto vendiéndome unos periódicos que luego regala a escasos metros de mi quiosco. Ya con más calma, porque en aquel momento lo que me apetecía era plantarle fuego al quiosco, lo comenté con otro compañero que tiene su punto de venta al otro lado de la ciudad. ¿Pero te enteras ahora? A mí me lo llevan haciendo mucho tiempo y los domingos no vendo una Voz ni por casualidad.

A grandes males, grandes remedios. Habrá que usar sus mismas armas. Quizá me acerque muy temprano por ese colegio el próximo domingo y las haga desaparecer todas.